el chucrut minero

09/11/08

 

 

Hoy hace un mes que estoy en Dortmund. He aprovechado la mañana para leer y escribir, que ya tengo que empezar a trabajar.

Algunas anécdotas son:

·        El miércoles me digné a ir a la piscina (por fin) y después de muchos líos para ver dónde se compraba el ticket y se guardaba todo… entro en la piscina y me pongo mi gorro y mis gafas. Y me fijo (con mi poquita vista) que nadie (repito) nadie llevaba gorro. Me sentía como una abuelita que no quiere mojarse el pelo (aunque sí se me mojó) ¿pero qué queréis? ¿realmente es cómodo estarse una hora haciendo largos con el pelo en la cara? En fin, pensaba volver hoy pero sigo en pijama y son las 14.30 de la tarde.

·        El jueves Vicky, Pedro, Irene y yo nos fuimos, aconsejados por Alex (un amiguete alemán de mi clase) nos fuimos al mismo sitio donde está la piscina (¡qué casualidad!) porque allí había una fiesta de la facultad de Pedagogía que podía estar bien. Efectivamente lo pasamos genial: cervecita, música para bailar y ningún Erasmus. Un plan diferente. Duramos hasta las 4 allí y también nos encontramos con Alex y sus amigos. Una de las veces que Vicky y Pedro querían fumar, nos salimos fuera (no se podía dentro) y unos alemanes se nos acercaron y venga a charlar. Habían estado en Granada de Erasmus pero su español era bastante malo así que básicamente tiramos del alemán y algo del inglés.

 kangaroosfuera

chinaugly

 

Como podéis ver, somos gente seria y respetable 🙂

·        El viernes poca cosa hice, vegetar en casa e ir a una zona de estas enormes donde hay ikeas, supermercados y almacenes a cascoporro. En el ‘real’ devolvimos todas las botellas de la fiesta de Halloween y no nos dieron ni 10 euros por ellas (eran las botellas de 120 personas). Compramos algo de comer y yo me fui a cenar a casa de Alex, donde me empaché a spaghetti y me quedé encerrada unos minutos en su minibaño. Total: entre la claustrofobia y el exceso de salsa pesto en mi plato, me provocaron un dolor de estómago muy fuerte que me impidió ir a una fiesta en casa de una francesa (la fiesta debió de estar bastante bien). Dejé a Alex viendo ‘Salvador Puig Antich’ y me fui a casa a las 22 horas a dormir el malestar.

·        El sábado por la mañana, recuperada del dolor de estómago, estuve leyendo textos de Gandhi para una exposición oral y a las 11.30 me fui al ‘rastrillo’ dortmundiano. Como a las 12 cogíamos el tren a Aachen, no compré más que algo de maquillaje (de marca pero mucho más barato que en la droguería). El sábado que viene, si puedo, me gustaría ir a comprar algo de ropa porque es de segunda mano y está barata y mola. Como digo, nos fuimos a Aachen, pero la vimos como tres horas y el viaje en tren duraba lo mismo. El viaje en tren fue divertidísimo jugando al UNO con Aurora, Ivan, Carmen, Macarena, Irene y la madre de Aurora, que se ha convertido en una más del grupo.

uno

 

Ahora viene lo bueno

·        Cuando nos bajamos del tren en la estación principal de Aachen nos encontramos por lo menos 50 policías en el andén. Iban vestidos de antidisturbios y escoltaban a algunas personas. Después del susto, salimos de la estación y nos encontramos no menos de 10 furgones de la policía y 15 coches: policía por todas partes y una manifestación comunista cerca de allí. Luego nos enteramos que era una contraprotesta a la que realmente se había convocado: una manifestación neonazi. alaa

Encontramos una tienda de segunda mano preciosa pero las tiendas, por los disturbios que pudiera haber, cerraron todas ese día a las dos de la tarde. Así que nos medio-echaron y tuvimos que refugiarnos en un Kebab para comer algo, que nos moríamos.

 besitoSobre las cuatro de la tarde todo se había dispersado y dimos un largo paseo por todo el centro de la ciudad hasta que se hizo de noche (las cinco de la tarde vamos) y fuimos a una tienda de decoración (concretamente, Nanu Nana, muy popular por aquí) donde compré un par de posters.patadaNos cogimos el tren de vuelta a las siete y llegamos a Dortmund a las diez. Lo peor es que no salimos porque el viaje nos había quitado las ganas, así que me fui a darle uno de los poster a Vicky (era un regalo) y estuvimos charlando hasta media noche de todo un poco.

·        Esta mañana me levanté y por fin escribí la crítica del ballet y terminé leer lo de Gandhi. No he comido casi porque no sé qué me pasa en el estómago que tengo algo agarrado y me duele. Pero bueno, eso no me impedirá siguiendo con mis aventuras y tribulaciones por Dortmund.

 

 

02/11/08

La última vez que actualicé era sábado por la tarde y no conté que el domingo fui al ballet con la clase de ‘Crítica cultural’. Pues bien: me equivoqué de sitio y de hora. En vez de al as 16.30 en el teatro de la ópera, me presenté en la filarmónica a las 18.00. Así que cuando llegué a la ópera Pedro y yo nos habíamos perdido una hora de visita guiada por el teatro y una muestra de ensayo de bailarines. Cuando llegamos, ya había terminado la primera parte, una actuación de un coreógrafo estadounidense, que según me contaron, había sido aburrida, ‘kitsch’ y convencional.

A la segunda parte sí llegamos y eran pequeñas piezas de un coreógrafo italiano que revolucionó el ballet. Y así fue: los bailarines, medio desnudos (sin tutús) bailaban al son de música de Rossini pero con movimientos duros y expresivos que decían más que un ‘Lago de los cisnes’ normal y corriente.

Mi tercera semana en Alemania comenzó con otra visita al dentista. Esta vez no me quiso sacar las muelas del juicio, me dijo que el antibiótico había disminuido la inflamación y me quitó el sarro. Todo gratis, pues genial.

Ah, y por estar todo el día escuchando mi myspace y en el facebook, me comí en dos semanas los 6 GB que nos dejan para descarga y utilización de Internet. Ole, ole y ole

Por la noche fuimos al ‘Eastend’ (uno de los bares de la residencia) y Miren y yo habíamos quedado con Alex, un alemán de nuestra clase de ‘Mitos, símbolos y rituales en los medios’ para tomar una cerveza. Es un chico muy majete que habla bastante bien español y quiere hacer erasmus este segundo cuatrimestre en España. Así que nosotras charlábamos en alemán y el contestaba en español: fue una cosa bastante curiosa.

El martes por la mañana Vicky, Miren y yo fuimos a comprar la decoración y los disfraces para nuestra supersiesta de Halloween a la que había apuntada tanta gente que Miren y Vicky se vieron obligadas a cerrar la lista antes de tiempo. Mientras esperábamos a que se abriesen algunas tiendas (fuimos demasiado pronto al centro) nos tomamos un café y Miren me informó de que me faltaban 15.000 cosas por hacer como enviar un certificado de que estoy aquí, el contrato de estudios. Como siempre, soy un completo desastre y, sin Internet, no podía hacer nada desde casa. Por la tarde me presenté en la redacción y me contaron que tenía que escribir un artículo sobre alguna cosa que me hubiese sorprendido al llegar aquí a Alemania: por supuesto, para no romperme mucho la cabeza, hablé de los horarios de las comidas y de las comidas. Después, configuré la red inalámbrica en mi portátil para coger en la biblioteca su WiFi e hice todas las cosas que me dijo Miren y ya no me queda nada por hacer salvo enviar una copia del contrato de estudios firmado por el coordinador alemán. También estuve escribiendo lo que sería mi primera exposición hablada, que tenía que versar sobre alguna noticia de la semana anterior que hablase de los medios de comunicación. Decidí elegir ésta sobre los toros y la televisión pública. Me puse manos a la obra y escribí un pequeño comentario donde daba a conocer un poco el sistema de medios español (uno de los objetivos de la exposición) y explicaba la polémica en torno a la información.

A la salida, la profesora y un par de alumnos me comentaron que les había parecido muy interesante. Aunque los otros Erasmus hicieron algo más serio, como hablar del ránking de la libertad de expresión en sus países o las fuertes influencias de los gobiernos en los medios de comunicación rusos o polacos. Por la tarde estuve leyendo mucho y me enteré de que no tenía clase el jueves porque mi profesor (que me da las dos asignaturas que tengo este día) estaba enfermo.

Así que el jueves por la mañana me fui al centro a quemar la tarjeta de crédito: me compré cosas para nadar (la semana que viene empiezo a ir a la piscina) y pequeños detalles que me faltan para un invierno duro como el alemán: un gorro de lana, unos leotardos, una chaqueta… bueno y algún que otro caprichillo jeje. También me compré un móvil con 5 euros en la tarjeta (total 25 euros) porque ya estaba harta de esperar a que los de Vodafone me liberasen el móvil.

Por la tarde, teníamos una bienvenida a los estudiantes internacionales, así que me después de comer, me planté en el campus sur, al que fui con mi recién estrenado abono transporte (que por fin recibí esta semana) en H Bahn (una especie de teleférico que va entre los bosques del campus y mola un montón) y allí, después de unos cuantos discursos y una pequeña sátira del mundo alemán, nos dieron de comer unos canapés. Volví a casa y me vi ‘la novia cadáver’ de Tim Burton, película que no me gustó (casi) nada, y acabé de leer ‘Persépolis’, cómic que me encantó, pero que hay que leer con mucha concentración porque habla del conflicto iraní, que es un conflicto serio y complicado de narices (y que hasta hoy arrastra esa pobre gente).

El viernes tuve una tutoría de 10 a 14 en la que Marcus, el asistente de nuestra coordinadora alemana, nos enseñó dónde encontrar todo para documentarnos para un trabajo. Bibliotecas, bases de datos, páginas web… es increíble la cantidad de sitios que hay en esta ciudad para escribir un buen trabajo documentado. Hay hasta una hemeroteca que conserva todos los números de todos los periódicos alemanes desde su creación o desde la Segunda Guerra Mundial. Increíble.

Tras eso estuve un rato en Internet y me volví a casa. Quedé con Vicky y nos fuimos al local de la fiesta para decorarlo y nos quedó genial: una tela de araña, calabazas, globos… Después cenamos y nos disfrazamos en mi casa: yo del último Joker de Batman, el del fallecido Heath Ledger; Vicky de hortera ochentera zombie, Jorge de puta maltratada y Aurora de puta de Jack el Destripador. Nos fuimos corriendo al local porque a las 22 empezaba la fiesta y había ya un montón de gente esperando cuarto de hora antes. Al final, en vez de los 75 de la lista, vinieron 125 personas que pagaron sus 2 euros y disfrutaron de la música de Pedro, los chupitos y las gominotas (la bebida se la llevaba cada uno) Fue un caos porque entre Vicky, Aurora y yo, pusimos todos los abrigos en bolsas, recogimos el dinero y servíamos alguna copa… yo casi no salí de la barra en toda la noche y bebí dos copas de vodka limón y ya no era persona.

 

Así que a las 3 me volví a casa, me despinté y a (intentar) dormir. De nuevo la mañana de ayer tuve que echar mano de mi patentado ‘desayuno de leñador’ para no morir en la cama de lo mal que me encontraba: un café, un zumo, una tortilla de queso y 8 salchichas. Y mucha agua.

Vino a buscarme Miren para limpiar el local que daba penica verlo: capas de suciedad pegajosa por el suelo, las barras… pero en un par de horas nos hicimos con ello (los baños, afortunadamente, estaban bastante más decentes). Me contaron que hicimos tanto ruido que a las 3 (cuando yo me había ido) se presentó la policía, pero el novio de Miren parlamentó con los agentes y todo se solucionó (les sobornaría?). Parece ser que hemos sacado buena tajada de la fiesta así que hemos pensado en cenarnos los euros que las gente nos dio la noche del viernes. En un buen restaurante: sin salchichas ni patatas ni coles extrañas. Eso sería genial. El resto del día no hicimos nada, yo vi ‘Sexo, mentiras y cintas de video’ y estuve leyendo, pero a las 23.00 no podía más y me fui a dormir.

Esta mañana me levanté pronto y limpié la casa, poco después me llamó Vicky y estuvimos todo el día por Dortmund dando paseos. Ya a las 17 (aquí de noche) nos vinimos a casa a comprar nuestro billete a París para irnos cuatro días a la ciudad del amor a visitar a amigos que están también de Erasmus allí. Tengo muchas ganas la verdad.

25/10/08 

Lo de esta segunda semana ha sido una entrada de lleno en la vida cotidiana alemana. A parte de intervenir en clase para poner un ejemplo de un mito que haya en la sociedad y asistir a una verdadera clase de filosofía (y enterarme de todo) pasaron algunas de estas cosas. El martes se presentaron unos simpáticos obreros en mi casa a las nueve de la mañana para cambiarme la ventana entera. Uno hablaba como los de Alemania del Este pero no era gris como se suele creer, era un cachondo mental. Cuando me pillaron haciendo fotos al estropicio que montaron en mi habitación quisieron también ellos salir en la foto.

 

Como podéis ver, desmantelaron totalmente el hueco de la ventana y me dejaron hasta las tres de la tarde con un frío ‘do carallo’ (como diría pedro). Además me dio muchísimo miedo porque toda mi ventana vieja la tiraron por este hueco y me impresionó mucho que no usasen un montacargas o algo. Aquí viene la diferencia con los obreros españoles: ni música, ni gorroneo. Silenciosos, hicieron unas pausas para desayunar y comer en su furgoneta y después de la obra, limpiaron todo con una escoba. Eso sí, como estaban cambiando varias a la vez (en vez de ir una por una) estuvieron muchísimo tiempo de aquí para allá entrando y saliendo de mi casa, y yo, que no tenía clase hasta las cuatro (justo cuando se fueron) sólo podía leer y leer (por otra parte, ‘los detectives salvajes’ me está encantando).

                 

Durante toda la semana he tenido un dolor de muelas del juicio muy fuerte. No podía casi abrir la boca y me quejaba todo el rato: el miércoles decidí cortar por lo sano y dejarme de ibuprofenos, iría al dentista y que me  dijese qué hacer. Aquí todos los médicos, no sólo los dentistas, tienen su consulta en una casa y todo funciona por seguro escolares, laborales (o al menos así funciona con estudiantes). Como allí no me llevé la cámara, por que eran las 10 de la mañana, os enseño lo que me recetó: amoxicilina alemanona. Me atendieron dos dentistas, una se llamaba Elena y el otro no me acuerdo pero era el que llevaba la voz cantante: me puso reclinada con la cabeza en el suelo y los pies en el aire (imaginaos con qué mareo salí de allí) y lo tuvo claro: hay que extirpar las muelas. Como no sé decir “que te extirpen a ti otra cosa majo” dije que mejor lo haría en España y que de momento me diese algún antibiótico para la inflamación. También me limpió las encías y las muelas; como es un líquido que sabe a rayos y se aplica con una especie de tubito, fino como una aguja, dijo que sería un poco desagradable y que si quería anestesia. Anestesia? Nein, danke. No era tan desagradable y no me apetecía pasarme el día con media cara paralizada; para dar miedo, me anestesio la boca en Halloween.

 

Después del dentista, al que fui acompañada por Vicky, nos cogimos el cercanías (aquí es el S-Bahn) y nos plantamos el Ikea. Por fin pude cargarme de cosas que necesitaba y que decorarían mi habitación, que hasta hace poco parecía una celda (muy grande y vacía). Así que este es el resultado (podéis comparar con las fotos de abajo del todo de mi habitación)

 Como véis, nuevas fundas de edredón, rosas, un adorno en la pared, marcos de fotos, un espejito, archivadores y una caja verde para meter todo. Tras colocar todo, pude por fin abrir mis regalos de cumple, que recibí antes de ir al dentista de un señor mensajero muy majo. Tuve que esperar hasta las tres de la tarde para abrirlos delante de la cam y que Víctor (mi novio) no se pusiese mohíno y me viese la cara al recibir: los dvd de Persépolis y la vida en rosa, el cómic de Persépolis, una caja de vaquitas y un vestidillo.

Después, tras la odisea hasta una farmacia para comprar mi antibiótico, fui a una fiesta en la residencia Hacheney. (cuando haya fotos serán debidamente colocadas)

Hacheney está en casa dios y es la resi que está peor, aunque parece realmente un hotel, era un antiguo centro de rehabilitación y descanso para los obreros de la mina de Dortmund (a mi me tocaba ayer que llevo dos semanas sacando carbón como una loca) y en una de las salas comunes montamos el ‘sarao’. Los únicos que cantábamos: los españoles, y hits de toda la vida: el tractor amarillo y ya no puedo más (de camilo sesto). Tras beber como desgraciados, fuimos a una fiesta de estudiantes en una disco que no estaba mal, pero que estaba todo a mitad de precio y, aún así, me pareció un pelín cara. Yo me fui pronto (como a las 3) porque me dolían un montón las muelas (no había tomado antibiótico para no sobarme en la fiesta y poder beber algo) así que me cogí un búho y volví a casa, fregué los platos de la comida y me acosté a las 4. A las 8 me desperté para tomar el antibiótico y me volví a dormir: entre el malestar y la borrachera, me he levantado queriéndome morir allí mismo. Tras un desayuno de leñador (café, tortilla de queso y 8 salchichas) me he recuperado y he ido a comprar comida.

Creo que eso es todo: esta noche hay una fiesta en todo mi edificio: 5 pisos de música, alcohol , alemanones y erasmus. Esta noche no duermo :S

——————-

19/10/08

Mi primera semana ha sido una sucesión de acontecimientos que me creo incapaz de plasmar aquí. He asistido a clases en las que no me he enterado de nada y clases en las que me he hallado a mi misma pidiendo hacer una exposición sobre la ética periodística planteada por Mahatma Gandhi. He descubierto que una universidad puede ser realmente barata (comer por un euro) y que hay estudiantes de periodismo participativos y charlatanes con el profesor y no con el de al lado. He visto conejitos correteando por los arbustos del campus y cómo el mito de la eficacia alemana se caía poco a poco a medida que avanzaba el lento papeleo que tengo que hacer para conseguir cosas tan tontas como un abono transporte.

Todos los días se va a un sotano de alguna residencia de las 5 que hay y se bebe 1/2 litro de cerveza por un euro (y cacahuetes gratis).

El jueves fuimos al ‘Keller’ (‘sótano’ en alemán) donde bailamos de todo, sobre todo electro pasable (Justice y así) y rap alemán que no entendíamos pero que ponía muy contentos a los alemanes. Pedro, el portugués moderno, llevó sus WayFarer rojas del palo, y ambos teníamos la misma anécdota sobre estas gafas: de pequeños, nuestros padres las llevaban y las odiábamos. En octubre de 2008 él tiene dos pares y le encantan y yo no tengo ninguno y siguen sin gustarme. Pero acepté llevarlas un rato por hacer, básicamente, el tonto. 

Bebimos cerveza, Jägermeister (una bebida con un dibujo de un reno en la botella que sienta como una cornada en el estómago pero que está bueno) y unas copitas de vodka limón (no es un diminutivo cariñoso, eran como vasitos de jerez). Pudimos comprobar que el sentido del ridículo no es una cosa desarrollada entre la sociedad alemana, que en la pista de baile se siente libre de hacer los aspavientos que quiera e incluso soplar la nuca de alguna erasmus española (yo como testigo, me reí mucho cuando silvia preguntó que si habían puesto el aire y luego vio a un tio detrás de ella). A las 2.30 empezó a vaciarse, pero nosotros nos mantuvimos como buenos españoles hasta las 5 (incluso era pronto) y tras hacer un poco el canelo por la ciudad buscando un doner, Pedro (portugués), Vicky (zaragozana), Xavier (francés) y una menda desayunamos en el McDonald’s. Mi happy meal venía con un elefante de peluche muy gracioso que me hizo mucha ilusión y ahora vive en la balda de mi estantería.

 

 

 

 

 

 

 

 

El viernes fue para vegetar en casa y reponer fuerzas para ir a una fiesta de disfraces de chulos y putas cuyo anfitrión iba a ser operado de cáncer el lunes e iba con una castaña memorable. Después de quitarnos encima a alguna que otra putilla borracha o a un proxeneta con ganas de mambo, nos fuimos de vuelta a casa y Macarena, borracha perdida, decidió que era buen momento para rebozarse por las hojas (aún no tengo esas fotos).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ayer sábado estaba recogiendo el desayuno a las 11 y me llega un sms “en 40 minutos en la parada de tren para ir a Munster” un plan atropellado que resultó muy divertido. Pasamos el día en esta preciosa ciudad y nos alquilamos unas pedaletas para dar un paseo por el lago al atardecer.

 

 

 

 

A pesar de los dos días de fiesta, de haber dormido poco y de visitar otra ciudad, ayer salí también, a un sitio que prometía ser gratis e indie rock, pero había fiesta triphop y bossa nova y nos clavaron. Pero mereció la pena, las risas fueron mil. Además, si Macarena se llevó las ‘gafas del poder’ el viernes por su gran borrachera (gafas del poder: gafas que se encontró Aurora por ahí y que son para el que peor vaya), éstas se las llevó ayer Lorena.

Hoy el plan fue más tranqui: yo, con mi dolor de muelas del juicio, me fui a dar una vuelta al ‘rastro’ que ponen aquí los fines de semana, donde había cosas inimaginables a un euro. Luego fuimos a tomar algo al centro y vuelta a casa (de esto último no tengo fotos).

Ya sé que los nombres no os suenan de nada, pero como tenga que decir “esta chica” y “este otro”… mal vamos.

 ———-

 12/10/08

Barcelona fue un visto y no visto. Después de todo el día en el coche, llegamos a la ciudad cuando anochecía y toda la Diagonal estaba atascada; a penas nos quedaban diez minutos hasta llegar a la casa de mi tía y miré por la ventana durante tres cuartos de hora a mis compañeros de tráfico: dos señores mayores que comían en el coche, un chico guapo y desaliñado montado en una preciosa ranchera y una motorista con tacones.

Una casa que tiene la luz de la entrada tenue, la puerta acolchada y una ventana que insinúa la Sagrada Familia no puede ser normal: ver esa continua obra apagada y tímidamente iluminada me descubrió lo poco que me gusta de día la catedral.

Ojala pudiese entrar de noche, pero no puedo; como mucho anduve alrededor y me enseñaron la manzana de edificios que derrumbarán para seguir construyendo el templo: por lo menos caben 500 personas en ese espacio reservado a unos pocos que creen y otros que desean conocer esa fe de piedra y vidrieras.

 

 

 

Un viaje de 12 horas no fue fácil: atravesar Francia medio dormida y oír las historias de mi padre cuando vagabundeaba por Lyon en busca de la estación de tren para viajar hasta Grenoble, el coche de atrás pitando porque el atasco de salida de la ciudad no acababa.

Y Trier (Tréveris) a las ocho de la mañana, que es como meterte en un pueblo fantasma recién limpiado y ordenado, donde sólo hay gente colocando flores en el mercado de la plaza y rayos de luz sobre los tejados empinados que dejarán caer la nieve de diciembre al suelo.

Dortmund me recibió con fiebre, dolor de espalda y de estómago: una habitación grande y vacía, opuesta al agujero lleno de cosas que tengo en Madrid. Se me han olvidado tantas cosas: el pie izquierdo de la pareja de patucos que comparto con Aída, el póster que me regaló Ramón por mi 18 cumpleaños, la lavanda y la rosa que daban un toque campestre al cuchitril, mi lámpara escrita a medias con María (la vasca). Una universidad fea rodeada de campo, árboles rojos, naranjas y amarillos, y surcados por conejitos que a ratos van por el pavimento, acompañando a los estudiantes, a ratos hurgan con sus patitas entre los arbustos.

La perspectiva de llevar dos días en Dortmund y sólo conocer a mi compañera de piso alargaban el abismo: no voy a poder estudiar, no voy a conocer a nadie, no voy a mejorar y todo esto habrá sido un completo error ¿por qué? No sé, supongo que no poderte dormir a las nueve de la noche y mirar en el techo escritos todos esos futuribles me asustaron un poco. Creo que era la segunda vez que estaba triste por irme lejos durante largo tiempo: la otra vez fueron tres semanas en Berlín, unos primeros días duros en los que aprendí a vivir en una ciudad de varios millones de habitantes y a defenderme en un idioma en el que has de ordenar toda la frase antes de decirla o sino siempre parecerás principiante.

Berlín fue una de mis experiencias más importantes, ¿será Dortmund la que la supere?

Como me gusta estar sola, la noche del sábado en la que mis padres se fueron a Aachen (Aquisgrán) hice mi primera cena en la cocina de mi habitación y vi ‘La vida secreta de las palabras’ que apartó totalmente los sentimientos dramáticos sobre mi llegada aquí, que en seguida deseché por ser ñoños e infundados. Esta mañana me levanté pronto y conocí a Mariella, la estudiante que se ofreció a ayudarme con todas mis dudas. Tiene un año más que yo y vive en Bochum (una ciudad al lado de Dortmund) con su novio; me han preparado un desayuno de cumpleaños con café, panecillos, dulce, café y zumo. Tenía tantas ganas de que mi familia y mis amigos viesen eso que, al saber que no podrían, me eché a llorar y tuve que justificar hablando de nostalgia. Viajé mucho en coche hoy: vi mucho otoño y comí en la casa de los padres de Mariella, que tienen una casa enterrada en hiedra, árboles y poesía. Un poeta romántico alemán hubiese escrito varios libros sobre esa biblioteca desordenada, la madera oscura de esa fachada y ese jardín que parece más un bosque, lleno de árboles y caminitos en la tierra junto a un río, por el que bien podría navegar Huckleberry Finn en una barca de troncos.

 

Por todo lo demás, Dortmund es una ciudad parecida a Madrid, con movimiento y alboroto, con emos, música y kebabs. Pronto tendré mi móvil alemán (si Vodafone España me libera pronto mi Terminal), estoy detrás de comprarme una bicicleta por 30 o 40 euros para volver a montar voy a ir a todas partes en metro, tren y autobus (jeje) y espero poder conocer todos los pormenores de mi vida en la universidad mañana, en mi primer día. No sé si iré a clase o sólo al encuentro con otros Erasmus y gente de la facultad para que nos expliquen dónde están las clases, cómo se hace el carné de estudiante o cuánto cuesta la matrícula.

 

Habrá sonado cursi o triste o pomposo, además he omitido detalles como que viajé un día a Dusseldorf con mis padres o que aquí todo es barato y la gente es amable, o que doy sólo tres horas al día de clase (y los viernes ninguna). Pero eso lo reservo para correos electrónicos o para cuando algún día quede con los que quieran saber más sobre este Erasmus en Dortmund (Alemania) J

 

Fin de la transmisión

———

 30/09/08

Sí señores, me apunto a la (útil y divertida) moda de crear un pequeño espacio donde escribir mis aventuras por alemania; esta vez sin estrenar blog, sólo una sección de este desangelado espacio donde escribo de vez en cuando y si los planetas hacen fiesta.

No sabía qué poner sobre Dortmund, no es una ciudad preciosa, milenaria o bohemia. Y como yo cuando no estoy ingeniosa, me pongo surrealista, he decidido este título. ‘Chucrut’ porque este curso seré un repollo macerado en vinagre (osea, ‘sauerkraut’ osea ‘chucrut’) plenamente alemana y convencida de ello. ‘Minero’ porque Dortmund tiene parte de su riqueza por esas minas de carbón y esas siderurgias que desmotivan todavía más al turista que se interesa por la cuna del Borussia. Por cierto, el Borussia Dortmund (el par de palabras junto a “¿la ciudad de…?” más escuchado después de decir “me voy de Erasmus a Dortmund”. Me supongo que como se fundó en 1909, me va a dar la lata (por no decir algo peor) todo el año el fútbol. Se hizo famoso por acaparar los primeros puestos de la Bundesliga y ganar en 1997 a la Juventus en la Champions 3 a 0 (gracias por los datos exactos Wikipedia)

Por todo lo demás, aún no me he ido así que aún no hay mucho que decir. Sé que viviré en una residencia, montaré en bici (bien! superaré mi fobia a la bici! rasguñones en las rodillas por doquier!) y hablaré alemán, inglés, español y lo que haga falta para comprobar que es una de las ciudades más fiesteras de la cuenca del Ruhr. Todo esto estudiando mucho … (dijo pestañeando rápidamente mientras sonreía)

Espero que os guste… hasta entonces!

 

 


6 comentarios sobre “el chucrut minero

    mary escribió:
    septiembre 27, 2008 en 11:58 pm

    me hago fija de esta sección

    Lucía M. escribió:
    octubre 17, 2008 en 9:18 pm

    Suena bien esta primera crónica-resumen… te pongo en mi blogroll 🙂

    mary escribió:
    octubre 25, 2008 en 10:40 am

    ya se ve, ya se ve que lo estás disfrutando y se agradece que lo cuentes todo tan detalladamente.
    Nuestros amigos alemanes son de Munster y cuando le dije a uno de ellos que habías estado allí y le enseñé las fotos que sacaste se puso muy contento
    🙂

    muxu

    Mary escribió:
    noviembre 13, 2008 en 9:16 am

    a mí me hace mucha gracia lo del gorro de piscina
    xDDD

    mary escribió:
    noviembre 14, 2008 en 11:48 pm

    espero que analú nunca se entere de que dejaste a Álex el alemanón viendo Salvador (puí antí) porque, punto número uno, me pasé el año pasado entero preguntándole si tenía es película en el ordenador, y punto número dos, cuando finalmente la vimos allá por junio le pareció una bazofia, hablando en plata
    xD
    qué risa con el zapato de mano

    Mónica Aguirre escribió:
    noviembre 5, 2009 en 11:27 am

    Hola me gusta tu relato de las aventuras de Dotmund, me alegra que te hayas integrado muchísimo, aunque reconosco que debe de ser difícil el inicio.
    Me gustaría que me escribieras, ya que tengo que viajar un fin de semana a Hemer cerca de Dotmund, para despedirme de un ser querido que falleció el pasado septiembre 2009, y no conozco el lugar ni hablo aleman y poco ingles. Por favor esríbeme, Mónica besos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s